Por mí, por todos mis compañeros y ¿Por mí el primero?

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Todos los que tenemos un mínimo sentido de la responsabilidad queremos hacer las cosas bien e incluso mejor cada día.

Para conseguirlo dedicamos muchos esfuerzos y tiempo, sin embargo, en muchas ocasiones ni recordamos los motivos por los cuales lo hacemos.

Actuamos según lo que creemos que nuestro entorno nos exige o necesita, engañados en pensar que es para nuestra felicidad pero, ¿realmente es bueno para mí? ¿dedico tiempo a  preocuparme y ocuparme en preguntármelo? No digo todos los días pero sí de vez en cuando.

Y además… ¿tengo claro por quien lo hago?.

Estamos a diario expuestos a infinidad de situaciones y multitud de enemigos del alma que lo que hacen es robarnos la paz. Unas veces son los demás pero la mayoría de las veces somos nosotros mismos.

Sentimos en ocasiones un cansancio irrecuperable pero es porque estamos continuamente haciendo obras externas sin saber qué rumbo llevan ya que no hemos dedicado ningún esfuerzo ni tiempo en reforzar nuestro interior, nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes y ¡es vital hacerlo!.

Reconocer y elegir  la sana intención de obrar por lo que es bueno para los demás y para mí, ayudará a que cuando nos enfrentemos a  momentos que nos resulten difíciles o fallemos, seamos capaces de recordar los motivos por los que lo hacemos y así poder levantarnos y continuar. Además, lo podremos hacer desde una conducta más serena y confiada por lo que la recuperación será algo más rápida y menos traumática que si  el camino en el que nos encontramos no es el que hemos elegido o peor aún…darnos cuenta de que no estamos en ninguno.

Yo de eso, sí que tengo

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Si nos preguntaran si nos consideramos personas con buen humor, creo, que la mayoría de nosotros diríamos que sí.

Nos visualizamos cuando estamos con nuestros amigos, realizando nuestro deporte o afición preferida y por supuesto que sentimos por dentro tener esa actitud.

Pero… ¿tiramos de ese buen humor en terrenos más habituales como son nuestro centro de trabajo y en nuestra casa?

Es posible que ante esta pregunta ya digamos que “a veces y según como me encuentre”.

El trabajo nos resulta duro, incluso puede que ni nos guste el que estemos realizando en este momento. Entre los compañeros muchos de ellos ni nos caen bien. El jefe siempre presionando y para colmo no recuerdo que la empresa valore mis esfuerzos y el logro de mis  resultados.

En casa, nos esperan todas las tareas del mundo que queramos hacer: limpieza, comida, deberes, educar a los hijos, aguantar las exigencias de nuestros padres o al pesado de mi hermano. Y si estoy de exámenes, está absolutamente justificado que no quiera que me molesten, me hablen y mucho menos que me gasten una broma.

¡Estoy mal y punto!

Ante tantas dificultades ¿cómo vamos a tener buen humor?.

De forma inconsciente, medimos lo que el resto se merece y normalmente depende primero de cómo yo me encuentre.

Cierto, en muchas ocasiones no es nada fácil. Nos pesan, y mucho,  nuestros problemas pero a pesar de todo ello deberíamos prestarle mucha atención a la importancia y repercusión que tiene en la vida de los demás que reciban esa alegría por nuestra parte, sea merecedor o no a nuestros ojos de recibirlo. No se trata de ser el más chistoso o divertido, eso dependerá del carácter de cada uno y además, seremos cariñosos y empáticos en nuestra forma de emplearlo.

Y si por el contrario somos nosotros los que tenemos la suerte de tener alguien cerca con ese don, recibirlo con agrado y como un regalo y no con rechazo como hacemos muchas veces por estar ocupados y preocupados con nuestras cosas.

Salgamos de nuestro yo en busca del tú.

Porque además ¿cómo te gustaría que te recordaran?.

Soy fuente inagotable de ideas

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Cuando pensamos en la creatividad nuestro primer impulso es relacionarlo casi siempre con temas artísticos: dibujo, música, arquitectura….y quienes se dedican a ello, es porque pertenecen a un  grupo pequeño de privilegiados que tienen un don natural generador de ideas  de interés para la humanidad.

Ahora pregúntate:

¿Soy uno de ellos?

Ya sabemos que esa habilidad se puede aplicar a otros muchos más campos, lo que a lo mejor no sabes es que tu eres creativo.

AMAR es una fuente inagotable de ideas.

Desearía que te pararas y pensaras durante un buen rato en esta frase, o durante días ….además me gustaría que lo hicieras no de una forma abstracta sino concreta, de modo que te pueda llevar a recordar experiencias que has vivido gracias a tu don de amar.

Seguro que recuerdas a la hora de comer, los «malabarismos» que hacías todos los días y de forma distinta para que tu niño, poco comilón, abriera la boca. O aquella fiesta sorpresa que le preparaste a tu mujer, o como en aquellos momentos de dificultad para tu amigo cuando no podía ni pensar, fuiste capaz de encargarte de muchas de sus cosas .

Este don se nos ha dado a todos, no se nos da a unos si y a otros no porque nos lo hemos merecido por algo concreto o porque seamos mejores.

La clave es querer ponerlo al servicio de los demás. Desde la entrega y la generosidad nace la creatividad . No solo en nuestra vida personal sino también en la profesional.

Sabremos ponernos en el lugar del otro, lo que necesita, como sorprenderle, como ayudarle y de qué forma. Tendremos en nuestro corazón su presencia y en detalles cotidianos, aparentemente insignificantes, se nos encenderá la luz de nuevas ideas extraordinarias.

Nos pondremos en movimiento, venceremos nuestros miedos y podremos cambiar, porque se nos pedirá que nos adecuemos a lo que cada circunstancia y persona requiera.

¿ Recuerdas ahora haber sido creativo?

Disculpe…… ¿Cuánto vale?

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El otro día hablando con mi sobrina de 9 años le pedí que me hablara sobre ella, sobre lo que le gustaba y se le daba bien hacer.

Las respuestas tenían todas que ver con asignaturas del colegio y la nota que suele sacar: “Lengua e inglés se me da muy bien, saco sobresaliente en esto, notable en lo otro…”

Pero cuando quise que pensara en otro tipo de aptitudes que no tuviesen que ver con ese entorno se me quedó mirando sin saber qué decir.

Una sonrisa tímida y feliz se dibujó en su carita cuando empecé a decir: «eres estupenda oradora, te encanta saludar a las personas aunque no las conozcas, sabes expresar tu agradecimiento con infinidad de gestos amables y aunque todavía no lo sepas ni lo entiendas, eres muy valiente y tremendamente especial”.

Dedicamos mucho dinero y esfuerzo en ofrecer recursos a quienes son responsabilidad directa nuestra para que intenten llegar a ser los mejores.

A nuestros empleados con programas de coaching para que estén motivados y cumplan objetivos. A nuestros hijos con infinidad de clases extraescolares, viajes al extranjero para que saquen las mejores notas y puedan entrar en una buena universidad.

¿Pero todo traducido en qué? …..En dinero.  Valemos lo que ganamos.

Por supuesto que ese tipo de formación técnica es imprescindible ya que si no el mundo no avanzaría pero los logros alcanzados no deben ser importantes porque somos capaces de ponerles precio sino porque los ponemos al servicio del resto de la humanidad. Debemos ser conscientes de nuestro compromiso con el bien común no sólo por lo que somos capaces de HACER sino por lo que podemos llegar a SER. Para ello es imprescindible trabajar también nuestra dimensión espiritual. Necesitamos saber quienes somos  y cuál es el auténtico proyecto de vida al que estamos llamados.

Porque, todo en lo que tu trabajas ¿es para este mundo o para la eternidad?

¿Estoy tan ocupado o no?

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Pienso ahora mismo tal y como se presenta la semana y si ya estoy a 38º como la temperatura exterior, llego a casi 40º si pienso la cantidad de cosas que tengo que hacer en los próximos días.

La mayoría de nosotros trabajemos fuera o dentro de casa pagaríamos el dinero, que incluso no tenemos, para que los días tuviesen más horas y así nos pudiera cundir algo más, porque muchas veces llegamos al final del día insatisfechos de lo poco que nos ha dado tiempo a hacer.

Yo por ejemplo me establecí como objetivo, al empezar con el blog, publicar por lo menos un post a la semana como mínimo y he fallado. Otras tareas, una vez puestas en la balanza, claramente tenían mayor prioridad y no tuve la precaución de tener posts en reserva “por si”. Me ha dado mucha rabia pero pasado mi enfado he decidido quedarme con solo la lección aprendida y el mal humor, por mi falta de planificación, dejarlo ir.

¿A dónde quiero ir a parar en esta ocasión? A preguntarme, entonces, si teniendo ya una vida tan ocupada deseo llegar a tener “esa mirada” que me permita ver, que personas de mi alrededor pueden necesitar ayuda.

Un familiar, compañeros de trabajo o un amigo pueden estar pasando por momentos difíciles pero no piden ayuda. Bien por no molestar o por no saber a quién acudir.

Si aceptamos el reto de dar un paso más en nuestra vida acogiendo esos ojos nuevos capaces de ver mucho más allá de lo plano habitual que muestran las personas estaremos aceptando también dos cosas más:

En primer lugar, la necesidad de sentir como nuestra la situación por la que está pasando. Eso nos ayudará a acercarnos a él con compasión y cariño, haciéndole sentir que nuestro intención es limpia y sincera. De esa forma generamos un clima de confianza para que nos pueda contar lo que le ocurre y así seremos capaces de ver que necesita.

En segundo lugar actuar. De nada servirá lo anterior si no hacemos nada al respecto, sin acciones concretas,  ya que todo quedaría en tan solo una buena intención y eso le ayudará  bastante poco.

Puede que «tan solo» necesite que le escuchemos atentamente, sin juzgar. Es increíble pero es una terrible realidad,  que estemos siempre rodeados de muchísimas personas y sin embargo no tengamos a alguien que nos de la confianza y cercanía suficiente para compartir nuestra angustia.

Sea cual sea su necesidad … ¿quieres o no complicarte la vida por alguien?